jueves, septiembre 29, 2011

Ayudante

El fin de semana me encontraba totalmente solo, de repente por propia elección. Pude haber ido a Virginia a reunirme con mi madre, hermanos y sobrinos a disfrutar el dia, preferí quedarme en casa, viendo televisión, durmiendo, volver a la televisión, leer el libro que tengo sobre mi velador é introducirme en el mundo de la monja y el cirujano en un hopsital Etíope a principios del siglo pasado, y sufrir por sus dias y la sociedad de entonces (que pareciera sigue siendo la sociedad de ahora). Decidí quedarme en casa, sólo, disfrutando de la plena ociosidad, hacer nada, sentir las horas fluir por mis venas, lentamente, sin prisa.

Me levanté para almorzar, y decidí ir a mi restaurante de comida china favorito, en la otra ciudad. Luego de sentarme, te ví, limpiando mesas, y deseé que vinieras a mi. Ordené a la mesera y tu llegaste con la jarra de agua y el hielo. Tus ojos grandes, enmarcados por las pestañas rizadas impactan. Tu mentón cuadrado, varonil, con hoyito al centro sinergiza el encanto. Tu sonrisa ilumina cualquier dia. Te pregunté si eras nuevo, pues nunca antes te había visto. Me dijiste que tienes en el trabajo 15 dias, que acabas de llegar del sur. Hablamos cada vez que venias a llenarme el vaso con agua ó a retirar un plato. Creo que de alguna manera ambos buscamos cómo conversar mientras dure el almuerzo, y lo hice interminable. La llegada de la galleta de la fortuna y las mentas me trajeron a la realidad. Me diste tu teléfono en una servilleta y yo te dí mi tarjeta.

Me llamaste en tu dia de descanso y yo salí del trabajo dos horas antes. Te recogí, fuimos a comer unas alitas de pollo con limon y pimienta y enrumbamos a casa, a conversar. Nos echamos sobre la cama a ver TV y observé que tu pantalón era demasiado grande. "Talla 30", me dijiste. Yo te dije que debiera ser 28, mientras hacía cosquillas sobre tu abdomen y mostraba como mi mano se deslizaba sin dificultad por debajo de tu correa. El recorrido fué amplio y sentí como tu deseo se despertaba, grande y fuerte. Antes de lo pensado ya estaba contemplando tu enorme fortaleza, enorme! ligeramente curva, delicioso glande liberado por un prepucio que lo hacía lucir extraordinario. Tu bello vello púbico adecuadamente cortado, de márgenes pequeñas, testículos casi pubescentes, libres de vello. Cómo disfruté cada centímetro de tu sabor y cómo lo disfrutaste tu también. Fué un buen momento para los dos.

Nos hemos prometido volvernos a ver y celebrar tu cumpleaños a principios de Octubre

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