Estaba almorzando en un restaurante oriental cuando recibí tu llamada. Me dijiste que podíamos reunirnos en veinte minutos, te dí mis coordenadas, que no resultaron buenas porque no llegaste a acompañarme a la mesa. Cuando terminé me volviste a llamar, estabas en el centro comercial al otro lado de la pista. Te fuí a ver.
Usamos mi carro para ir al Starbucks donde fuimos la primera vez. Me contaste que estabas en problemas con el tuyo, que lo ibas a vender y comprar uno nuevo, Mientras tomábamos nuestra taza de café conversamos de tu falta de trabajo, del dinero que el gobierno te otorga como asilado, de la intención de mejorar tu inglés para mejorar tus posibilidades, de tu alejamiento del islamismo a pesar de los deseos de tu familia, de tu necesidad de incluirte en ésta sociedad, en los Estados Unidos.
No hablé de mi. Me gusta escucharte. Tuve que terminar pronto la conversación porque era tiempo de regresar al trabajo. No puedo tomar más tiempo del necesario para almorzar y ya me había pasado buenos minutos! De regreso a donde habías dejado estacionado tu auto, te sientas a mi lado, te acaricio la rodilla y la entrepierna en señal de amistad, me sonríes, y me preguntas si voy a alguna iglesia, "a ninguna", te contesté. Me dices que me llamarás para salir la próxima semana.
Pasan los dias y te llamo para escuchar tus disculpas, tu falta de tiempo, la inmensidad de tus problemas, y no me quiero incluir ni entrar a resolverlos. No digo nada, me mantengo alejado, no ofrezco ayuda.
Te veo en tu clase, me saludas de lejos. No te acercas, no me acerco. Mantenemos una distancia prudente y una sonrisa amigable. No te hé vuelto a llamar, no hé recibido llamadas tuyas.
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miércoles, octubre 24, 2012
sábado, octubre 13, 2012
Promesa cumplida
Me hice una promesa a mi mismo. Me prometí hablarte con toda honestidad y declarar mi condición homosexual la próxima vez que nos viéramos. Desde que te mudaste al estado del sur tus visitas fueron menos frecuentes y de pronto no hubo textos ni mensajes de email. Sin embargo, me llamaste, me comentaste que tenías problemas serios en el área digestiva, que necesitabas una colonoscopía para confirmar el diagnóstico Enfermedad de Crohn. Necesitabas la dirección de algún gastroenterólogo que la hiciera. No volví a saber de ti por otras tres semanas. Rompes el silencio y me llamas cuando estoy por terminar mi clase.
Me diste la dirección de tu nuevo departamento y fuí a buscarte inmediatamente para almorzar juntos. En el restaurante, decidiste por spaghetti Alfredo y raspberry cheesecake. Cumplí mi promesa y te dije que era cierto lo que probablemente habías anticipado, que soy homosexual. No hubo cambio en tu comportamiento, me hiciste entender que lo sabías y que no iba a alterar nuestra amistad.
Reímos, hablamos, nos divertimos pero dolorosamente veía tu cuerpo con demasiadas libras menos. No le va bien a tu casi metro noventa y tu cara de niño. El diagnóstico de Crohn se confirmó. Luego de un par de horas de extraordinario tiempo juntos. Te pedí que me llamaras cuando quisieras, que es un placer compartir contigo.
Recibí tu mensaje para estar juntos el domingo en la tarde. Volví a recogerte de tu casa, fuimos al cine, a ver "Looper". A mi sugerencia viste "Melancholia" el dia anterior y te dije que la película que vi el dia anterior fué "Kiss of the Spider Woman". Probablemente la vas a ver. Entramos a cenar mientras esperábamos la película y volvimos a hablar de nosotros, de nuestra amistad, de la confianza que va creciendo no teniendo nada que ocultar, de tu proximo cumpleanios en Diciembre. Al final de la pelicula me dijiste algo referente a un "masaje". No seguí el hilo de la conversación a propósito. Te dejé en tu departamento pasadas las 9 de la noche.
Estaba manejando por el George Washington Parkway cuando recibo tu texto: "Estoy anticipando nuestra próxima reunión. Será pronto".
Me diste la dirección de tu nuevo departamento y fuí a buscarte inmediatamente para almorzar juntos. En el restaurante, decidiste por spaghetti Alfredo y raspberry cheesecake. Cumplí mi promesa y te dije que era cierto lo que probablemente habías anticipado, que soy homosexual. No hubo cambio en tu comportamiento, me hiciste entender que lo sabías y que no iba a alterar nuestra amistad.
Reímos, hablamos, nos divertimos pero dolorosamente veía tu cuerpo con demasiadas libras menos. No le va bien a tu casi metro noventa y tu cara de niño. El diagnóstico de Crohn se confirmó. Luego de un par de horas de extraordinario tiempo juntos. Te pedí que me llamaras cuando quisieras, que es un placer compartir contigo.
Recibí tu mensaje para estar juntos el domingo en la tarde. Volví a recogerte de tu casa, fuimos al cine, a ver "Looper". A mi sugerencia viste "Melancholia" el dia anterior y te dije que la película que vi el dia anterior fué "Kiss of the Spider Woman". Probablemente la vas a ver. Entramos a cenar mientras esperábamos la película y volvimos a hablar de nosotros, de nuestra amistad, de la confianza que va creciendo no teniendo nada que ocultar, de tu proximo cumpleanios en Diciembre. Al final de la pelicula me dijiste algo referente a un "masaje". No seguí el hilo de la conversación a propósito. Te dejé en tu departamento pasadas las 9 de la noche.
Estaba manejando por el George Washington Parkway cuando recibo tu texto: "Estoy anticipando nuestra próxima reunión. Será pronto".
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domingo, octubre 07, 2012
Tu
"Recuerdos de los que está llena mi mente: tu casa, en la esquina, cerca a la universidad; de mis visitas y tu comida, cocinabas tan bien!, de nuestras idas al sauna en el sótano del mejor hotel de la ciudad. Eso si era gay, man! eso si era gay!", me escribes desde Rio de Janeiro donde vives hace tantos años. Tienes una familia, convencional, con dos hijas bautizadas en la iglesia a la que tanto combatiste durante tu tiempo de estudiante universitario. El superhombre según el modelo de Nietzche en el que querías convertirte, vive ahora en una caleta de pescadores cerca a Rio, "simple, sin lujos", como tu mismo la describes, "con el espectacular, exótico, paisaje natural", y me envías fotos a mi email que corroboran tus palabras y me hace morir de ganas de irte a visitar. Sobretodo porque recuerdo de nuestras idas al sauna, tantas veces!
Sudábamos juntos, completamente desnudos, tu cuerpo perfecto, blanco, lampiño; con apenas vello en las axilas y un mechón de vello en el pubis.De vez en cuando hacías algunos comentarios eróticos que hacían subir la temperatura aún más, y yo tenía que pensar en cuadrados, triángulos y cualquier otra cosa que impidiera que mi sistema nervioso autónomo pudiera ser estimulado por el simpático y mi entusiasmo se midiera en pulgadas. La pasábamos bien. Dos amigos conversando de situaciones netamente universitarias, arreglando los asuntos locales, mundiales, analizando grupos, personas, aplicando antropología y de vez en cuando recordando a los griegos. En una de ésas veces, yo tímido, avergonzado; tu entusiasmado, me mostraste, echado sobre tu poltrona que tu grandeza llegaba hasta el ombligo, sin problemas, y no era solamente cuestión de longitud sino también de grosor. Yo miré de reojo. No me atreví a mirar de frente, y la lengua se me trabó al tratar de hacer un comentario.
Muchos recuerdos y experiencias que se agolpan en mi mente y una enorme tibieza que va llenando mi corazon. Nunca tuvimos nada sexual, excepto vernos mutuamente desnudos en nuestras tardes de sauna. Amistad llena de amor que vuelve a fluir en cada de nuestras lineas por internet.
Sudábamos juntos, completamente desnudos, tu cuerpo perfecto, blanco, lampiño; con apenas vello en las axilas y un mechón de vello en el pubis.De vez en cuando hacías algunos comentarios eróticos que hacían subir la temperatura aún más, y yo tenía que pensar en cuadrados, triángulos y cualquier otra cosa que impidiera que mi sistema nervioso autónomo pudiera ser estimulado por el simpático y mi entusiasmo se midiera en pulgadas. La pasábamos bien. Dos amigos conversando de situaciones netamente universitarias, arreglando los asuntos locales, mundiales, analizando grupos, personas, aplicando antropología y de vez en cuando recordando a los griegos. En una de ésas veces, yo tímido, avergonzado; tu entusiasmado, me mostraste, echado sobre tu poltrona que tu grandeza llegaba hasta el ombligo, sin problemas, y no era solamente cuestión de longitud sino también de grosor. Yo miré de reojo. No me atreví a mirar de frente, y la lengua se me trabó al tratar de hacer un comentario.
Muchos recuerdos y experiencias que se agolpan en mi mente y una enorme tibieza que va llenando mi corazon. Nunca tuvimos nada sexual, excepto vernos mutuamente desnudos en nuestras tardes de sauna. Amistad llena de amor que vuelve a fluir en cada de nuestras lineas por internet.
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martes, julio 24, 2012
Universidad
Rodeado de chicas, te vi al salir de mis clases en el anfiteatro. Tus ojos grandes, tu cara sonriente, tu pelo crespo, capturando los resplandores dorados del sol y cautivando a tu audiencia. Te vi, de lejos, con tu postura varonil, exudando machismo, y me llamaste la atención.
Con tres años en la Universidad, definitivamente ya había ganado una reputación y un buen número de admiradores, no de mi presencia, sino de mi talento. Para qué ocultarlo? Humildad, es sencillamente éso, aceptarse como uno es. No podía acercarme a un recién ingresante y tontamente balbucear "Me gustas, quiero ser tu amigo", mientras voy chorreando saliva por las comisuras labiales. No podría haber dado un paso en falso, una sociedad machista como la que se vivía en ésos momentos no perdonaba pasos en falso. Me alejé, alejé mis ojos de ti, volteé mi cabeza, me dirigí a mi carro, te dí la espalda, te ignoré, mientras conversaba con un amigo sobre la asignación de Farmacología.
Te volví a ver al dia siguiente, el mismo lugar, el mismo grupo de chicas, tu overoll de mecánico y una camiseta roja dentro. Nunca nadie se había vestido así en la Facultad de Medicina, me fascinaste. Volví a ignorarte, me alejé de ti, repitiéndome constantemente: "no mires hacia atrás, no mires hacia atrás". La misma escena el tercer y el cuarto dia. Mi corazón tuvo una crisis convulsiva que mi cerebro se apuró en asistir.
El viernes no había clases en la Facultad, había que ir al hospital. Extrañé no verte. Al término de la práctica, todavía con la bata blanca, en la cafetería te encuentro conversando con Adrián, un buen amigo mio. Me llama a la mesa, me acerco, nos presenta. Me entero que te llamas Ramón, que has vivido en España y que tus aires novedosos en acciones, en ropa, en largo de pelo y color no son poses, Europa se pegó a ti. Conversamos, me preguntas de libros, de profesores, de lo importante en las prácticas, de cómo sobrevivir el primer año. No eres solamente una cara bonita, tienes talento.
Me vienes a visitar ésta tarde, almuerzas en mi casa. Es viernes y podemos pasar una buena tarde conversando ó jugando backgamon.
No dejo que te abran la puerta, voy personalmente. Me impresiona verte con pantalon formal y camisa de un sólo color. Completamente conservador, diferente a tu imagen de los demás dias en la Facultad. Almorzamos, jugamos, me cuentas de tu vida en España, el divorcio de tus padres, la secundaria, los fines de semana completamente salvajes, que sobrevives porque tu mente lee poemas, critica peliculas, se apasiona por la ciencia y quiere servir al ser humano. Decides que quieres ser médico y hay que regresar a tu país para que resulte barato. Mientras conversamos deslizas uno tras otro chistes, elegantes, comunes, sinceros, de doble sentido, picantes. No eres solamente una cara bonita, tienes talento, tienes buen humor.
En algún momento me preguntas qué es lo que usualmente hago los viernes en la tarde, sin pensarlo dos veces, inmediatamente respondo "voy a la sauna". Me toma por sorpresa que me digas "vamos?". Enrumbamos en mi carro, no manejas, no tienes un carro, vives con tu tia y tu madre te envía dinero con el que haces milagros para que te dure el mes. No dejas que pague tu entrada, bajamos al primer nivel donde están los camerinos personales para desvestirnos. Entras a mi camerino, de manera natural. No puedo, ni quiero decirte que tienes que ir al camerino de al lado. Estamos con poco espacio, es estrecho para dos personas. Mientras nos desvestimos, nuestros cuerpos se rozan, naturalmente, nadie se siente incómodo, no decimos nada. Nos ponemos las toallas alrededor de la cintura y bajamos al segundo nivel donde están las piscinas y los sillones de descanso. Entramos al cuarto de vapor, el olor a eucalipto fresco nos inunda, le han añadido manzanilla. Nos sentamos y conversamos, conversamos. Nadie quiere ser el primero en salir, el uno quiere demostrar al otro que aguanta. Cuando llegamos al borde del agotamiento, abrimos la puerta con violencia, a respirar el aire fresco del pasillo y Vamos a refrescarnos a las duchas. Te metes a mi ducha. Nuevamente, me tomas por sorpresa, no sé si es la manera europea, no digo nada, no quiero parecer provinciano, me gusta, mejor que cualquiera de mis sueños. Sigues hablando y contando chistes, de repente me empiezas a jabonar la espalda, los gluteos, las piernas; me das la vuelta, soy tu muñeco, me enjabonas el cuello, los muslos, el vientre, los genitales, con suavidad, con naturalidad. Me parece que debo responder la gentileza. Empiezo a enjabonarte, no pierdo cada milímetro de tu piel. Nos enjuagamos, me tomas de la mano, me llevas al cuarto de la sauna seca. No hay nadie. Nos vamos al del interior, un poco mas caliente, pero ya hemos demostrado que nuestra juventud puede hacernos resistir el calor. Nos sentamos, completamente desnudos, sobre nuestras toallas, ya no nos sirven de escudo, de defensa a nuestro pudor. Tu te sientas un poco mas allá y no entiendo el porqué. Seguimos conversando, pones tu mano sobre mi muslo, nos miramos. Te inclinas, no puedo ocultar mi completa erección y disfruto al ver la tuya. Tu cabeza sigue descendiendo y tus labios envuelven mi glande. Con suavidad pongo mi brazo sobre tu espalda, ingreso en tu pelvis y empiezo a suavemente acariciar tu pene. No solamente tienes una cara bonita, tienes talento, tienes buen humor, Tienes un pene gigantesco!, blanco, grueso, de glande sonrosado, sin circuncidar.
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sábado, junio 09, 2012
Casi 35 años (II
Después que salió del país no supo de él en absoluto. Sabía por referencias de amigos comunes que se encontraba viviendo en Florida, que estaba trabajando en un hospital y que los chicos se habían acostumbrado perfectamente. Su mujer había logrado el sueño de "dejar el país insoportable" y vivir sus sueños snobs en toda la amplitud que quisiera. Lo extrañaba?, bastante. Todos le preguntaban por noticias, pero no tenía ninguna que dar, de pronto todo el estar juntos permanentemente había desaparecido como por arte de magia...negra!
Después de algunos años le llegó una tarjeta de cumpleaños con una dirección en una playa de Florida a la que respondió con otra tarjeta protocolar de Gracias y una nueva para felicitarlo en su cumpleaños al año siguiente. No hubo más correspondencia. Se conformó con saber de él a través de noticias de terceros. Supo que su madre ya estaba viviendo en Florida, y que sus hermanos también habían mudado su residencia. Hizo lo que siempre hace para no dejar que los fantasmas de la nostalgia lo envuelvan, se puso a trabajar, 25 horas al dia, ocho dias a la semana, sin dejar respiros entre segundos. Aunque no volvió a pronunciar su nombre y su rosttro se hizo borroso en la memoria, cada pilar en su corazón llevaba tatuado su nombre y latía por él con precisión asombrosa.
Los años pasaron, las actividades profesionales se hicieron cada vez de más responsabilidad, los momentos sociales aumentaron a medida que su nombre se hiciera popular entre la gente, su servicio voluntario en un club internacional lo llevó a barriadas a establecer centros de salud, cirugías de labio leporino y lente intraocular ejecutadas por médicos extranjeros que venían en misión por algunos dias, envió a estudiantes al extranjero a estudiar por un año y esperó que al regreso ellos pudieran mover a sus comunidades a mejores espacios. Incansable en su trabajo. Su nombre creció.
En uno de sus viajes decidió encontrar su número de teléfono haciendo una búsqueda reversa usando la dirección que tenía hace años. Seguiría viviendo allí? La computadora le dió su nombre y un número de teléfono. Todo lo que necesitaba. Pulsó los números. Al otro lado, la inconfundible voz le contestó, le dijo quien era, que se encontraba en el país é inmediatamente la invitación de visitarlo no se dejó esperar. Convinieron que la llegada sería el viernes en la tarde para que pudiera irlo a recoger al aeropuerto y no importunar el trabajo. El trabajo, siempre interponiéndose en la vida de todos los seres humanos.
Comprimir la vida en minutos, imposible. Ya era abuelo, dos nietos, sus hijos viviendo en otro estado y allí se acabó el reporte. Las horas se pasaron en comer, beber y conversar de los momentos juntos, de la universidad, del quedarse a dormir en casa, de cuánto tiempo tomabas para darte una ducha, y luego de secarte, poner talco entre las piernas, y los perfumes diferentes que usabas, para las axilas, para los genitales y el trasero, para el pecho, para el rostro. La conversación se redujo a los dos, la esposa se fué a visitar a la vecina, que la necesitaba. Ni se dieron cuenta que partió.Tomados de la mano siguieron los recuerdos, el tiempo se detuvo y regresó hasta los momentos de juventud que corrían rápido dentro de las venas y fueron entibiados en el cerebro. Los cuerpos se acercaron y se fundieron en un abrazo fuerte, sellado por un beso, largo, apasionado, que llevó la energía de casi 35 años de espera.
Después de algunos años le llegó una tarjeta de cumpleaños con una dirección en una playa de Florida a la que respondió con otra tarjeta protocolar de Gracias y una nueva para felicitarlo en su cumpleaños al año siguiente. No hubo más correspondencia. Se conformó con saber de él a través de noticias de terceros. Supo que su madre ya estaba viviendo en Florida, y que sus hermanos también habían mudado su residencia. Hizo lo que siempre hace para no dejar que los fantasmas de la nostalgia lo envuelvan, se puso a trabajar, 25 horas al dia, ocho dias a la semana, sin dejar respiros entre segundos. Aunque no volvió a pronunciar su nombre y su rosttro se hizo borroso en la memoria, cada pilar en su corazón llevaba tatuado su nombre y latía por él con precisión asombrosa.
Los años pasaron, las actividades profesionales se hicieron cada vez de más responsabilidad, los momentos sociales aumentaron a medida que su nombre se hiciera popular entre la gente, su servicio voluntario en un club internacional lo llevó a barriadas a establecer centros de salud, cirugías de labio leporino y lente intraocular ejecutadas por médicos extranjeros que venían en misión por algunos dias, envió a estudiantes al extranjero a estudiar por un año y esperó que al regreso ellos pudieran mover a sus comunidades a mejores espacios. Incansable en su trabajo. Su nombre creció.
En uno de sus viajes decidió encontrar su número de teléfono haciendo una búsqueda reversa usando la dirección que tenía hace años. Seguiría viviendo allí? La computadora le dió su nombre y un número de teléfono. Todo lo que necesitaba. Pulsó los números. Al otro lado, la inconfundible voz le contestó, le dijo quien era, que se encontraba en el país é inmediatamente la invitación de visitarlo no se dejó esperar. Convinieron que la llegada sería el viernes en la tarde para que pudiera irlo a recoger al aeropuerto y no importunar el trabajo. El trabajo, siempre interponiéndose en la vida de todos los seres humanos.
Comprimir la vida en minutos, imposible. Ya era abuelo, dos nietos, sus hijos viviendo en otro estado y allí se acabó el reporte. Las horas se pasaron en comer, beber y conversar de los momentos juntos, de la universidad, del quedarse a dormir en casa, de cuánto tiempo tomabas para darte una ducha, y luego de secarte, poner talco entre las piernas, y los perfumes diferentes que usabas, para las axilas, para los genitales y el trasero, para el pecho, para el rostro. La conversación se redujo a los dos, la esposa se fué a visitar a la vecina, que la necesitaba. Ni se dieron cuenta que partió.Tomados de la mano siguieron los recuerdos, el tiempo se detuvo y regresó hasta los momentos de juventud que corrían rápido dentro de las venas y fueron entibiados en el cerebro. Los cuerpos se acercaron y se fundieron en un abrazo fuerte, sellado por un beso, largo, apasionado, que llevó la energía de casi 35 años de espera.
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jueves, junio 07, 2012
Casi 35 años (I)
Lo odió con todas sus fuerzas la primera vez que lo vió. Su cara de angel, su pelo ensortijado, largo, alborotado, sin peinar; sus pantalones jeans apretados, sus camisetas de rayas horizontales, completamente pegadas al cuerpo, mostrando los abdominales perfectos a través de los colores de las rayas; con ésa manera tan suya de caminar, un híbrido medio Fonzie (de la serie de TV Happy Days) y Mick Jagger, y los brazos abriéndose al compás como si marchara una marcha extraña, un "atrapa gallinas" como alguien alguna vez se lo dijo. Alrededor de él todas las chicas bonitas de la universidad haciendo lo imposible por llamar su atención y conseguir una cita y un probable viaje al dormitorio donde verían y disfrutarían de todos los atractivos turísticos que solamente él sabía mostrar. "Si él fuera el último sobreviviente de una hecatombe nuclear, aún así, no sería mi amigo", pensó. Conitnuó mirando sus notas y conversando con sus compañeros de clase sobre el tema que hoy se discutiría en el anfiteatro.
Tuvo que comerse las palabras pronto. A las pocas semanas ofrecía una fiesta en su casa, toda la clase, bueno, casi toda la clase se encontraba en los jardines, alrededor de la piscina. Había buena música, bastante comida y bebida. La diversión estaba asegurada. De pronto lo vió llegar y no estaba invitado. Había tenido el atrevimiento de entrar sin invitación! No pudo hacer otra cosa sino acercarse, sonreir, estrechar la mano, darle la bienvenida y ser amigable con él. A pesar de ser solicitado por todas las chicas, hizo lo posible por encontrarse siempre al lado del dueño de casa, ayudando a poner música, pasando fuentes de comida, sintiéndose dueño de la casa. El se quedó cuando todos se fueron. Ayudó a limpiar y lo acompañó a su dormitorio donde continuaron la conversación sentados, y luego echados sobre la cama hasta las cuatro de la mañana. Lo invitó a quedarse a dormir, él se disculpó y le dijo que no había necesidad, vivía a sólo un cuarto de milla. Esa madrugada el sueño lo encontró con un calor diferente en el corazón, un calor que nunca había sentido en su vida de adolescente, hasta ahora.
Cuando se sentó a desayunar a las 11 de la mañana sus padres ya se habían ido a trabajar. Había empezado a comer cuando él llegó, a continuar la conversación exactamente donde la dejaron ésta madrugada. Jaló su silla y se sentó a compartir el desayuno. Entonces comprendió que en su personal y extraño mundo, él no necesitaba ser invitado, para nada. Lo acompañó a su dormitorio y entró con él al cuarto de baño, lo vió desnudo entrar a la ducha y hasta le ofreció jabonarle la espalda. No pudo decirle que no. Jamás había sentido manos amigas sobre su espalda y casi en sus glúteos, no quería que ésta ducha se acabara.
Fué una amistad de toda una vida, toda una vida universitaria y los primeros años de la vida profesional. Juntos en clase, juntos fuera de clase, juntos los fines de semana, juntos de vacaciones, juntos con las enamoradas; y en las fiestas, hasta se ponian a bailar los dos juntos!
El se casó primero, su pelo ensortijado apenas se notaba porque ya lo llevaba corto, apariencia profesional, se convirtió en padre pronto y hubieron dos sobrinos a quienes engreir, comprar juguetes y ropa, hasta que la familia decidió salir del pais por la inestabilidad económica y los problemas políticos.
Una amistad de toda una vida que la misma vida se encargó de separar.
Tuvo que comerse las palabras pronto. A las pocas semanas ofrecía una fiesta en su casa, toda la clase, bueno, casi toda la clase se encontraba en los jardines, alrededor de la piscina. Había buena música, bastante comida y bebida. La diversión estaba asegurada. De pronto lo vió llegar y no estaba invitado. Había tenido el atrevimiento de entrar sin invitación! No pudo hacer otra cosa sino acercarse, sonreir, estrechar la mano, darle la bienvenida y ser amigable con él. A pesar de ser solicitado por todas las chicas, hizo lo posible por encontrarse siempre al lado del dueño de casa, ayudando a poner música, pasando fuentes de comida, sintiéndose dueño de la casa. El se quedó cuando todos se fueron. Ayudó a limpiar y lo acompañó a su dormitorio donde continuaron la conversación sentados, y luego echados sobre la cama hasta las cuatro de la mañana. Lo invitó a quedarse a dormir, él se disculpó y le dijo que no había necesidad, vivía a sólo un cuarto de milla. Esa madrugada el sueño lo encontró con un calor diferente en el corazón, un calor que nunca había sentido en su vida de adolescente, hasta ahora.
Cuando se sentó a desayunar a las 11 de la mañana sus padres ya se habían ido a trabajar. Había empezado a comer cuando él llegó, a continuar la conversación exactamente donde la dejaron ésta madrugada. Jaló su silla y se sentó a compartir el desayuno. Entonces comprendió que en su personal y extraño mundo, él no necesitaba ser invitado, para nada. Lo acompañó a su dormitorio y entró con él al cuarto de baño, lo vió desnudo entrar a la ducha y hasta le ofreció jabonarle la espalda. No pudo decirle que no. Jamás había sentido manos amigas sobre su espalda y casi en sus glúteos, no quería que ésta ducha se acabara.
Fué una amistad de toda una vida, toda una vida universitaria y los primeros años de la vida profesional. Juntos en clase, juntos fuera de clase, juntos los fines de semana, juntos de vacaciones, juntos con las enamoradas; y en las fiestas, hasta se ponian a bailar los dos juntos!
El se casó primero, su pelo ensortijado apenas se notaba porque ya lo llevaba corto, apariencia profesional, se convirtió en padre pronto y hubieron dos sobrinos a quienes engreir, comprar juguetes y ropa, hasta que la familia decidió salir del pais por la inestabilidad económica y los problemas políticos.
Una amistad de toda una vida que la misma vida se encargó de separar.
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domingo, diciembre 19, 2010
Nuevo III

Regreso a casa cerca de las 2:30 pm., cansado de no haber hecho mucho. Usualmente los dias que no trabajo me cansan más que los dias que trabajo. En la mañana me fuí al sauna, luego compras para la mesa de navidad, una lámpara nueva que quiero poner en casa, disgusto por no haber comprado ayer una bolsa de chocolates belgas que vienen simulando monedas y que hoy debo pagar en otra tienda el doble de lo que pude haber pagado en Costco. En fin, estoy de regreso a casa y de repente suena el teléfono. Meto la mano izquierda al bolsillo de mi camisa, y manejo la camioneta solamente con la mano derecha. Ya hé puesto nerviosos a muchos por la costumbre de hablar por teléfono mientras manejo. No me animo tampoco a comprar el famoso blue tooth para tener las manos libres y usarlo solamente cuando estoy en el carro. Veo tu nombre en la pantalla del teléfono. Te saludo, me saludas y me haces algún comentario sobre la asignación que tienes pendiente para el miércoles. Me dices que la vas a hacer sólo, porque la chica con la que debieras trabajarla no ayuda en nada y no se le ve entusiasta a hacerlo. Comento que está bien que la hagas sólo si éso te hace sentir cómodo. Hablamos un poco más sobre asuntos de clase y luego cambias el tema. Me dices que no me viste en la escuela hoy dia y te preocupó. Te dije que los dias como hoy no voy a la escuela, que los tomo para mi, para relajarme, preparar clases, exámenes, etc., desde casa. Seguimos conversando de algunos otros temas de salud, de hipocondrías tuyas é hipocondrías mías (cómo llegamos allí?. no lo recuerdo). Finalmente me dijiste que me ibas a llamar el sábado para salir, que te gustaría salir conmigo, conversar, pasear, aprender. Cuando terminé la conversación ya había llegado a casa. Me entusiasma la idea de salir contigo, el problema es tu edad y la mía: detonante! Tampoco quiero negarme la oportunidad de conocerte. Vamos paso a paso
viernes, diciembre 17, 2010
Nuevo II

Me sorprendió tu llamada la tarde del sabado. Estaba recostado sobre mi sofá viendo las nuevas cortinas que puse en la sala cuando suena mi celular y no reconozco el número que me llama. Por lo regular mi celular es solamente usado por personas muy cercanas, y todos se encuentran identificados. No reconozco tu voz, hay mucho ruido en el ambiente, música, un niño que llora, un diálogo en voz alta, probablemente de televisión y aparentemente tú hablando por el speaker. Te identificas, y me sobresalto, mi corazón da un vuelco y te pregunto cómo puedo ayudar. Me dices que simplemente querías saludar y conversar unos minutos. Me hablas de la clase que tuvimos ayer viernes, que tu carro se ha malogrado, problemas de la transmisión, y que has estado usando la camioneta de tu mamá; me dices que me tienes en speaker porque tienes las manos ocupadas. No lo dices, pero me parece que estás cocinando, escucho chisporreteos de fritura. Me añades que vas a ver a un amigo por su cumpleaños. Me pides que por favor hable con tu madre, porque ella quiere hablar conmigo.
Converso con tu madre quien se encuentra excesivamente emocionada. Me cuenta que hablas de mí constantemente, que ellos se encuentran contentos de tenerte estudiando y que estás rindiendo bien, que no necesita decirte que hagas las tareas cuando llegas a casa, que de tu propia voluntad empiezas a estudiar y que has cambiado muchísimo, para bien. Me alegra. Me despido de ella y tu tomas nuevamente la conversación. Quedamos que en algún momento, algún sábado vamos a salir juntos a conversar. Me dices que tienes mucho que hablar conmigo
jueves, diciembre 09, 2010
Nuevo

Es el inicio del nuevo ciclo y entro a clase con el grupo. En medio de todas las miradas, algunas conocidas y otras nuevas, veo unos ojos caramelo, grandes, de pestañas largas y rizadas, que siguen con atención mis movimientos. El rostro joven, con barba de 2 dias, y pequeños lugares disparejos, todavía no le crece de manera abundante, no debe tener 20 años, es un adolescente, de labios medianos, carnosos, rostro ovalado y facciones finas. La clase se ilumina con su sonrisa, y él lo ignora. El cuello largo, esbelto, le da una cierta elegancia y clase. Apoya su cabeza sobre el puño. Su codo lo mantiene sobre la carpeta.
La clase se va desarrollando, el tema es interesante: Aparato Reproductor Masculino. Las preguntas son abundantes. Se trata de eliminar mitos falsos y reafirmar los verdaderos. En ocasiones lo veo sonrojar, como si lo que se acaba de decir lo abochornara. En momentos participa, da su opinion, mantiene sus razones, es concreto, directo, no va con rodeos. Sabe lo que quiere, una virtud (ó defecto?) poco común a su edad.
Me aborda al término de la clase. Se presenta como amigo de un alumno anterior, ya graduado. Me dice que me conoce desde antes por los comentarios de su amigo, que había creado expectativas sobre mi y no las había defraudado. Me pide si puede acercarse cada vez que tenga preguntas y necesite de ayuda. Me extraña lo que me dice y más me extraña su familiaridad. Usualmente causo temor a los nuevos. Sin embargo, me siento internamente contento por la amistad que éste muchacho ofrece. Me gusta sentirme dentro de su circulo de amigos. Me halaga. Me pide mi email. He buscado mensajes suyos durante el fin de semana...Todavía nada.
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