jueves, junio 18, 2009

Etica?

Son diez para las siete de la mañana y el aire frio del invierno andino queda atrás pasando las puertas del hospital. Un vahido de aire caliente, respirado ya muchas veces le llega a la nariz junto con una mezcla de olores a los que ya se acostumbró, pero que el primer dia que los sintió le produjo ésa sensación de vacío punzante en el estómago que se tradujo en arcadas. La sensación nauseosa casi lo lleva al vómito, pero su pañuelo discretamente colocado entre su mano y sobre la nariz le evitó la verguenza, de haberse producido. Ahora, ve ya con ojos de costumbre y sin desesperación la fila interminable de ancianos, mujeres con sus niños, trabajadores heridos, que hacen cola desde las cinco de la mañana para lograr un turno en algún consultorio del hospital. Ellos empezaron a llegar antes de las cinco y la ventanilla no se abre sino hasta las ocho. Ya el corazon no se le arruga de verlos. Es el escenario diario que tiene que cruzar mientras se dirige a su rotación de pediatria durante los próximos tres meses. Es increíble como somos animales de costumbre, piensa.
Vestido ya con su mandil blanco y su estetoscopio al cuello va a su área para ver si tiene pacientes nuevos. Es su segunda rotación en el internado y ya aprendió que primero tiene que ver a los pacientes nuevos y estar preparado para las preguntas inmisericordes disparadas por sus propios compañeros y médicos asistentes. Una verguenza increíble responderlas mal delante de la gran procesión que incluye además de los internos y residentes, a los alumnos de medicina y las alumnas de enfermería.
La cuna de fierro despintada aloja a un niño de 8 meses de edad, con fiebre, letargico, rigidez de nuca y signos meningeos positivos. Ingresa por emergencia con el diagnóstico de meningitis y debe esperar los resultados de laboratorio. Muy rápidamente evoluciona a sus otros pacientes, ya conocidos. Meningitis! carajo! se le van a prender a él con preguntas. Tiene que rápidamente repasar que hacer en caso de meningococo. ¿aisla a su paciente?, ¿reporta al ministerio?, ¿da la alarma?
Llega al laboratorio y es el mismo jefe del departamento el que lo recibe. El gato! que bien! puede hacerle algunas preguntas porque él es un genio en microbiología. Fué su profesor cuando hacía ciencias básicas. Los ojos verdes del gato lo miran fijamente cuando le dice que la meningitis se debe a Salmonella, la misma bacteria que produce tifoidea, es muy raro que se haya metido al cerebro, pero en un niño desnutrido, con mal sistema inmunológico, en las condiciones económico y sociales en las que vive, es posible, y alli lo tienes, ni en los libros! y para suerte, te ha tocado a ti! ¿Qué vas a hacer?. Pues curarlo!, le responde. ¿Sabes que lo han abandonado? le pregunta el gato. Quienquiera que lo trajo anoche desapareció. No hay padres que respondan por él. ¿Cómo lo vas a medicar? Sabes que el ministerio ya no está ayudando a indigentes....Los minutos pasan rápido en la conversación y hay que apresurarse a llegar antes que inicie la ronda encabezada por el jefe del departamento. Corre de regreso a su zona, sus zapatos con suela de cuero resbalando las locetas lisas y gastadas. No se han cambiado desde que se inauguró el hospital. En el camino ve a los visitadores médicos esperando hablar con los doctores. Saluda a todos, pero se acerca a uno en especial, necesito hablar contigo cuando termine la ronda, le dice.
Hablar de meningitis por Salmonella fué mas fácil de lo que pensó y propuso la administración intratecal de antibiótico. El jefe de departamento se miró de reojo con los asistentes. Ninguno pronunció palabra, comentario, nada! Demasiado bueno para ser verdad. A los siguientes internos los descuartizaron en su ignorancia.
El mismo hizo la punción lumbar y administró el antibiótico que su amigo el visitador médico le consiguió inmediatamente de la farmacia, gratis. Con los dias, la fiebre cedió y los resultados de laboratorio de hicieron normales. estaba feliz de haber vencido la enfermedad...Estaba evaluando a su pequeño paciente antes de dejarlo a la guardia de la noche. El niño mantenía sus brazos y sus piernas flexionadas, en posición fetal, los músculos duros como roca, no se movían un sólo milímetro. "En posición de gatillo", describen los libros. La salmonella hizo su destrucción en el cerebro, y el antibiótico hizo también su parte. Los ojos del niño mirando hacia atrás, a un punto fijo, casi sin parpadear, la boca entreabierta, dejando salir un hilo de baba constante.
Sintió que un brazo lo tomaba fuertemente del hombro y lo abrazaba, era el gato. Le susurró al oido, valió la pena?

3 comentarios:

damian dijo...

porque esto ultimos post, q ha pasado?
te han tocado casos asi?
has escuchado de casos asi?
pucha pero creo porq es lo correcto, aunque a veces no se pueda entender

TitoCarlos dijo...

Cuando se trata de cuidados paliativos a ancianos en fase terminal, no se habla de eutanasia aunque acelera el final para bien de todos, anciano, enfermo y familiares.
Estos casos que cuentas son los que deben crear debate. ¿Merecía la pena?

No. Es mi respuesta. Y lo digo pensando en la criatura que describes, no en los gastos sanitarios, ni en la penuria aceptada o no de los familiares.

Un saludo,

Malacay dijo...

es duro pero es mejor, no? o no se ahh me hago chango