Mostrando las entradas con la etiqueta Jean Claude. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jean Claude. Mostrar todas las entradas

martes, enero 07, 2014

Jean Claude (III)


Las semanas pasaron rápido y tres meses se acumularon. Tres meses sin que Jean Claude hubiera llamado a su amigo. A lo largo del más de un año que se conocieron, Jean Claude hizo las llamadas, dos y hasta tres veces a la semana, entonces los dos se reunían, conversaban, se reían, y jugaban, jugaban sus juegos íntimos, los que sólamente ellos conocían, hasta caer exhaustos.

Tres meses sin recibir llamadas, tres meses extrañando juegos! Cuando de repente aparece el nombre de Jean Claude en el celular que vibra. La voz es diferente, apagada, mustia, triste. ¿Dónde quedó el tono angelical? No importa, lo va a recoger, la rutina de siempre. De regreso a casa, el maravilloso cuerpo está allí, los genitales fantásticos respondiendo al estímulo están allí, la tibia piel está allí. ¿Qué falta? La mente de Jean Claude no está allí. Ninguno de los dos logra un orgasmo. De regreso a casa, Jean Claude le cuenta que conoció a una chica. ¿Algo nuevo? No! Jean Claude es bisexual. El amigo es la única relación homosexual que él ha tenido en su vida mientras se acostaba con chicas por docenas, todas ellas nuevas, diferentes, bellas. Pero, ésta es diferente, ésta es mayor, madre de un niño de 11 años, con necesidades económicas que él se apresuró a facilitar. Primero, la renta; luego, la comida; la compra de un nuevo auto vino después.

No sé qué me pasó, de repente me ha dado de tomar  algo. Así dicen mis amigos”, explica Jean Claude. La luz a su alrededor de pronto ya no estaba, se había gastado. Se echó a llorar. Pidió ayuda, todo lo que necesitaba era no estar en su casa, donde ella vendría a buscarlo. Necesitaba llenar sus horas y sacar el rostro y la voz de ella de sus pensamientos. Estaba quebrado, físicamente, emocionalmente, y ya no tenía los miles de dólares escondidos en su cuarto, todo se los había dado, y más que mandó a traer de su país.

Salieron a jugar, a correr carreras de auto virtuales, a combatir contra un ejército junto a Rambo en la pantalla, a matar zombies. Las horas pasaron rápidas. Cerca de la medianoche lo dejó en su casa.

El timbre de su celular lo despierta, son las seis de la mañana. La pantalla dice que lo está llamando Jean Claude, nunca ha llamado tan temprano. “Gracias por la noche de ayer”, le oye decir. “Me siento mejor, mucho mejor”. Parece que las cosas van a tomar el rumbo acostumbrado.

lunes, enero 06, 2014

Jean Claude (II)



El aire de inocencia que tiene Jean Claude atrae. La gente conversa con él, y él sonríe. Su sonrisa trae calma, confianza, luz beatífica. Su voz hace perfecta pareja a la sonrisa, suave, modulada, gentil. Qué diferente al acento de otros de sus coterráneos, él no tiene acento, habla simplemente con un acento universal, celestial, angelical.

Una tarde conversa con un cliente mientras le prepara su orden en la plancha. El le comenta que pronto va a tener su descanso. El cliente lo invita a su mesa a conversar. El se acerca a la mesa con su propio plato de comida y hace buen uso de los “palitos chinos” (chopsticks). Conversan, rien, cualquiera que viera la escena desde fuera pensaría que son padre é hijo pasando un lindo momento. Nadie creería que sos dos desconocidos que empiezan a conocerse.

Jean Claude visita al desconocido la siguiente semana, durante el almuerzo le dió su teléfono y le extendió la invitación. En casa beben una gaseosa y conversan. Los ojos de Jean Claude brillan y sus labios se mueven rápidamente pero con cierta elegancia. En algún momento de la conversación, Jean Claude se estira, más que se sienta, sobre el sillón; la pelvis expuesta, los brazos a un lado. Mira a los ojos a su amigo y lentamente desciende su vista a lo largo de su propio pecho, lentamente hasta que termina en su ingle. Ahora que ha hecho el barrido visual, lentamente eleva los ojos, las pestañas arqueadas se levantan y los párpados se abren hasta hacer el contacto visual con su interlocutor, claro, brillante, perfecto.

“¿Puedo?”, le pregunta el dueño de casa con absurda timidez. Jean Claude asienta con la cabeza y deja que la mano de su ahora amigo le acaricie los genitales sobre el pantalón, una caricia suave, que continúa, larga, que va descubriendo en la palma del que la hace cada rasgo de la intimidad de Jean Claude.

Jean Claude abre el cierre de su bragueta, toma la mano de su amigo y la introduce dentro de su propia intimidad. El amigo siente la tibieza del cuerpo de Jean Claude y una más suave piel, propia de un área delicada, bien cuidada, no expuesta al sol ni al estrés propio de la vida. El amigo se abre paso entre el vello púbico que siente apropiadamente recortado, no hay enredos, empieza a jugar con el prepucio. No sera la última vez que los dos se vean inmersos en juegos personales.

domingo, enero 05, 2014

Jean Claude (I)


 
 Jean Claude tiene 22 años y una sonrisa que ilumina cualquier dia, pero éso no es lo único que tiene Jean Claude, también tiene 1.83 metros de estatura, una personalidad carismática, arrolladora, que hace perfecta combinación con un físico spectacular. No en vano estuvo en el seleccionado nacional de su equipo de fútbol cuando tenía 16 años. ¿Es éso todo lo que tiene Jean Claude? No, tiene aún más. Cinco mil dólares en efectivo, discretamente escondidos, en diversos bolsillos de camisa y zapatos en su cuarto, con llave, al cual no entra nadie excepto él. De vez en cuando pone dos mil dólares en su billetera y sale a caminar y conversar con personas, le da seguridad. Los billetes verdes en su bolsillo le dan seguridad. También se la dan los dos mil metros cuadrados de terreno que tiene en su natal campiña en un país centroamericano, con 18 vacas que su padre cuida. Salió de casa a los 16 años con el sueño americano en mente. Desde entonces ha trabajado en varios restaurantes y ahorrado cada centavo, que envía a su padre con indicaciones específicas de lo que hay que hacer con él. Su físico inagotable y su trabajo extenuante junto a su capacidad de ahorro le permite tener todo ésto.

Ya sabemos todo lo que tiene, pero, ¿quién es él? El es cocinero en un restaurant oriental en la costa este de los Estados Unidos. No se trata de un restaurant, es más bien una corporación con docenas de los mismos restaurantes en varios estados, y él ha trabajado en varios de ellos. Se adaptó fácilmente al sistema, aprendió rápido y aunque no habla inglés ni tampoco chino, se entiende muy bien con los jefes y se ha convertido en el “intérprete” y entrenador de los hispanos ilegales que vienen a trabajar con salario bajo y demandas propias de un sistema de esclavitud, y que no aguantan sino unos cuantos meses, hasta que encuentran algo relativamente mejor. El, sin embargo, ya lleva seis años con ellos.

¿Qué más tiene Jean Claude? Tiene genitales perfectos. Un pene grande, grueso, incircunciso, con dos diminutos lunares en la base, hacia el lado derecho, escondidos casi entre el vello púbico. Una bolsa escrotal que haría morir de envidia a muchas estrellas porno, y dos testículos ovales, grandes, perfectos, de los que se busca para poner de modelos en las clases de anatomía. Creo que no olvido nada más de lo que Jean Claude tiene, aunque si lo hiciera, con ésto ultimo, lo demás no tiene importancia.